miércoles, mayo 17, 2006

 

El valle de los lobos-Irak: códigos árabes sobre la guerra de Irak


Artículo completo en http://www.voltairenet.org/article139037.html

Esta superproducción (con un presupuesto de 8,4 millones de euros, se trata de la película más cara de la historia del cine turco) está rompiendo todos los récords de taquilla en Turquía con más de cuatro millones de espectadores desde su estreno, el 3 de febrero de 2006. También fue un gran éxito en Alemania (con una minoría turca, o de origen turco, de 2,6 millones de personas), donde más de 500 000 personas ya vieron el film, estrenado allí el 9 de febrero.
La prensa turca y la prensa europea comenzaron a referirse al Valle de los Lobos – Irak luego del éxito inicial del film en Turquía. Su posterior éxito en Alemania, acompañado de violentas condenas por parte de varios políticos de ese país, suscitó una nueva oleada de artículos en Europa e incluso en Estados Unidos. Edmund Stoiber, jefe de la CSU bávara, partido cristiano afiliado a la derecha extremista, llamó efectivamente a boicotear el film. Y lo hizo hábilmente, en vez de exigir una censura estatal exhortó a los propietarios de salas cinematográficas a retirar El Valle de los Lobos de sus carteleras. Contó con el apoyo de algunos dirigentes de los Verdes y del Consejo Central de los Judíos de Alemania y su consigna encontró eco en el circuito de salas cinematográficas Cinemaxx, que renunció el 23 de febrero a la explotación del film. Sin embargo, la medida afectó solamente a 12 de las 68 copias puestas en circulación en Alemania. Se desató así una verdadera polémica, en la que los detractores del film repiten a menudo las mismas acusaciones afirmando que se trata no sólo de un film «antiamericano» sino también antisemita.

Kurtlar Vadisi – Irak comenzó a exhibirse después en Bélgica y Suiza, pero su presentación en las pantallas francesas no estaba prevista hasta el mes de abril. El enorme éxito de su presentación en los países vecinos llevó sin embargo a muchos curiosos a ir a verlo a Alemania o Bélgica. El distribuidor para Francia Too Cool (productor y promotor de filmes turcos), decidió entonces adelantar su lanzamiento en el hexágono para el 1ro de marzo poniendo en circulación 15 copias subtituladas en las ciudades francesas de mayor concentración de personas de origen turco (París, Colmar, Oyonnax, Lille, Lyón…). Resulta curioso que ninguna de las publicaciones que se dedican a la promoción en el mundo parisino del espectáculo haya anunciado el comienzo de la exhibición de este largometraje, que tuvo lugar en París en la antigua sala de la Cinemateca Francesa (42 boulevard Bonne Nouvelle), dedicada hoy a la proyección de filmes de diferentes países del mundo (el nuevo nombre de la sala es precisamente «Cinéma du monde»). Ciertos medios de prensa, como Le Monde, Canal + y France 3 (la red nacional) anunciaron su exhibición pero lo hicieron de modo hostil y con cierto tufo de escándalo.

Vimos El Valle de los Lobos – Irak, un film mucho más pertinente y más rico de lo que dicen la mayor parte de los medios occidentales oficiales. Se trata de una obra híbrida en la que se mezclan acción bruta, cine popular oriental y escenas de reflexión mucho más elaboradas. Abiertamente concebido para el gran público, el film retoma todos los códigos del cine de acción hollywoodense y los aplica a un mensaje diametralmente opuesto: la denuncia del imperialismo estadounidense, de su sangrienta ocupación de Irak y de su desprecio por los pueblos. No resulta inútil precisar aquí que el presente artículo está basado en las copias subtituladas en idioma francés distribuidas en Francia.

Las relaciones turco-estadounidenses como telón de fondo

Polat Alemdar se introduce en Irak en compañía de dos de sus fieles compañeros de armas. Guardafronteras kurdos poco amables (los peshmergas que administran el Kurdistán iraquí por cuenta de Estados Unidos) detienen el auto en el que viaja el héroe. Los tres agentes turcos se ven obligados a eliminarlos. Primera escena ultraviolenta de las muchas que componen el film. Alemdar y sus hombres llegan a Irbil, a un hotel de lujo propiedad de una cadena estadounidense (el «Grand Harilton», referencia a los hoteles Hilton), con la esperanza de atraer allí a Sam William Marshall. Los peshmergas los descubren y tratan de arrestarlos en la sala del restaurante. Alemdar se muestra especialmente despectivo hacia estos kurdos, que él considera colaboradores de los ocupantes estadounidenses. Exige la intervención del director estadounidense del hotel diciendo que ha instalado cargas explosivas por todo el hotel. El director le avisa a Sam Marshall y este último se presenta inmediatamente en el hotel.

Se produce entonces un diálogo muy revelador. Marshall (cuyo papel interpreta el actor estadounidense Billy Zane), ex militar al mando de una unidad secreta de la CIA en el norte de Irak, presenta precisamente las exigencias que los turcos pueden esperar de parte de Estados Unidos: «Hace 50 años que les estamos pagando. Les pagamos hasta el elástico de la ropa interior que llevan puesta. ¿Qué más quieren? Además, nosotros los salvamos a ustedes de los comunistas...» Elegante alusión a la alianza sellada entre ambos países después de la Segunda Guerra Mundial. Miembro de la OTAN, Turquía es de importancia estratégica para Estados Unidos, que tiene varias bases militares en territorio turco. Para mantener a Turquía en la esfera de influencia occidental durante la época de la guerra fría, Washington benefició ampliamente a ese país a través del plan Marshall. El propio nombre del personaje estadounidense Sam Marshall parece ser una superposición irónica de la referencia al «tío Sam» y la denominación del «Plan Marshall». « No soy ni líder de un partido político ni soldado sino un simple turco», le responde Alemdar. Interesante respuesta que le permite erigirse en representante de la nación turca en su conjunto y que otorga al film un carácter totalmente consensual en el plano de la política interna turca. Su objetivo es la realización de una venganza simbólica: ponerle a Marshall un saco de yute. Pero el estadounidense utiliza como «escudo humano» a un grupo de niños que lo acompañan, niños que iban a cantar en una velada organizada con fines caritativos. Alemdar decide posponer el enfrentamiento.

Las escenas del hotel son interrumpidas periódicamente por escenas de una acción paralela: la celebración de una boda árabe en una aldea rodeada por el ejército estadounidense. Los soldados esperan cínicamente que se realicen los tradicionales disparos en honor a los novios para invadir el lugar en busca de «terroristas» armados. No vacilan en dispararle a quemarropa a un niño, antes de masacrar indiscriminadamente a los invitados. El novio es asesinado ante la mirada de su prometida al tratar de acudir en ayuda de esta. Las imágenes de la matanza se muestran en cámara lenta para amplificar su impacto emocional.

Reconstrucciones de hechos reales

Los sobrevivientes son enviados a la tristemente célebre prisión de Abu Ghraib. Imágenes de pura ficción, como la llegada de los prisioneros y el traslado de muertos y heridos cubiertos de sangre, se mezclan con evocaciones de carácter menos «gore», aunque mucho más angustiosas. Los autores del film reconstruyeron cuidadosamente algunas de las escenas reales que tanto disgusto provocaron en la opinión pública mundial. Se trata de las imágenes filmadas por los propios soldados estadounidenses en las que se muestran las torturas que infligiera a numerosos detenidos la soldado Lyndie England. La diferencia de tratamiento cinematográfico es evidente. El encuadre y la puesta en escena, sobria y muy cuidadosa, resultan casi hiperrealistas. El film reproduce cada detalle del video original, hasta la imagen misma del soldado que filma la escena con su cámara de video.

No se trata de un ejemplo aislado. Una característica sobresaliente del film (poco mencionada en la prensa dominante) es que recurre a hechos reales en la descripción de los abusos estadounidenses en Irak. Los periodistas que denuncian el «antiamericanismo» del film El Valle de los Lobos – Irak se quejan invariablemente de que presenta a los ocupantes como asesinos sanguinarios. Lo que no dicen es que la gran mayoría de los crímenes representados en el film son reconstrucciones de hechos reales. «No comparto las acusaciones de antiamericanismo. Yo trabajé en Irak y allí vi la mayoría de los hechos que se cuentan en el film, son escenas exactamente similares a las que yo mismo pude ver allá. El guionista hizo un buen trabajo. Reflejaron los hechos en la pantalla», dice Jerome Bastion, corresponsal en Turquía de Radio Francia Internacional, citado por el sitio turco-belga Belexpresse [2].


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